Bienestar

Autolesiones en adolescentes ¿Cómo enfrentarlo adecuadamente?

Las autolesiones en adolescentes constituyen un problema de salud mental que ha cobrado relevancia en los últimos años debido a su alarmante incremento y a los riesgos que implica para la salud de los afectados. En América Latina, un estudio mexicano indicó que el 17 % de adolescentes se había autolesionado al menos una vez en la vida, siendo las mujeres quienes presentaron una mayor incidencia. (Albores-Gallo et al., 2014,  como se citó en Cabrera, 2021). 

En este sentido, nos preguntamos: ¿Qué tiene que ocurrir en la vida de un adolescente para que se termine autolesionando?. Para ello, hay que entender un poco más sobre este fenómeno:

¿Qué es una autolesión?

Las autolesiones se tratan de conductas realizadas de forma intencionada en donde una persona se infringe daño a sí misma, ya sea a través de cortes, quemaduras o golpes. Estas conductas no siempre suponen un intento de suicidio, sin embargo, son comportamientos de riesgo y formas desaptadas de lidiar con el desequilibrio emocional.

La forma más común de autolesión son los cortes, los cuales se hacen con cualquier tipo de objeto afilado ya sea en brazos, piernas o torso. Sin embargo, existen otras formas  de autolesión que también implican un daño físico, aquí podemos mencionar rozaduras y quemaduras, golpes o puñetazos hacia uno mismo o hacia objetos, el arrancarse cabellos o vello corporal de forma compulsiva y el abrirse las heridas o arrancarse las costras de la piel. 

¿Qué factores están relacionados con las autolesiones? 

Regularmente, las autolesiones están vinculadas con la presencia de cuadros clínicos en los pacientes, tales como trastornos depresivos, trastornos de ansiedad, trastorno límite de la personalidad, entre otros. Las personas que se autolesionan tienen por lo general dificultades para gestionar sus emociones y pocas herramientas para expresar aquello que les afecta, por lo que este comportamiento supone una forma de “liberación” frente al dolor emocional existente, en otros casos, puede significar también una forma de sentir poder o control sobre algo, en este caso, la corporalidad propia.

Según Arboccó de los Heros (2020), este comportamiento responde a conductas parasuicidas, es decir intentos no consumados de suicidio que se dan en forma de ensayos previos a un intento de suicidio. De igual modo, este accionar implica una forma de llamar la atención para solicitar ayuda, un modo de castigarse ante acciones que no debieron realizar y una necesidad de arriesgar su integridad frente a sensaciones de vacío y apatía con el objetivo de “sentir algo”.

¿Cuáles son las señales y qué podemos hacer para su intervención y prevención?

La mayoría de adolescentes que se lastiman a sí mismos suelen ocultarlo, ya sea por vergüenza o para no preocupar a su entorno, por lo que, identificar esta conducta puede ser una tarea bastante difícil. Es importante que los padres, docentes y cuidadores presten atención al comportamiento de los adolescentes, a la forma en la cual gestionan sus  emociones negativas y afrontan situaciones adversas, por ejemplo: Si un adolescente regresa a casa de mal humor, luego, se encierra en su cuarto, posteriormente al salir parecerá sentirse mejor de forma repentina es una señal de alerta a indagar pues esto puede indicar que el menor hace uso de formas desadaptativas para exteriorizar su malestar.

Ayudar a adolescentes que se autolesionan 

Una vez se ha identificado y detectado el problema, es importante validar las emociones del afectado para conducirnos a un diálogo abierto y constructivo. Los padres y cuidadores deben propiciar discusiones profundas en donde muestren su entendimiento y empatía frente al dolor emocional del adolescente. 

A partir de ahí, es importante continuar con un proceso de intervención psicoterapéutica con el menor para abordar la situación y brindarle el soporte necesario. El tratamiento a seguir debe darse tanto con el individuo como con su entorno. Fomentar la plática y conversación de estos temas en el ambiente escolar también supone un factor de protección puesto que al gestarse la conciencia sobre la magnitud de este problema se vuelve más fácil identificarlo e intervenir a tiempo.

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