La Matriz MAS de Lazarte es un instrumento estructurado de análisis que permite organizar y detallar aspectos específicos de una variable o condición psicológica, facilitando una comprensión integral de diferentes dimensiones teóricas, metodológicas y prácticas. MAS significa Matriz Académica Situacional, y se emplea como una herramienta didáctica y práctica en el ámbito académico y profesional, especialmente útil en disciplinas como la psicología y las ciencias sociales.
La Matriz MAS es utilizada para sistematizar y comparar información relevante de conceptos, teorías o modelos, organizando la información en columnas que pueden variar según el objetivo del análisis. Cada columna representa un aspecto clave de la variable o condición analizada, lo cual permite un estudio en profundidad y la elaboración de una perspectiva multifacética.
Componentes típicos de una Matriz MAS de Lazarte
En el contexto de la psicología y en un análisis de trastornos o intervenciones, las columnas de la Matriz MAS pueden incluir:
- Variable / Condición Psicológica: Identifica la variable o trastorno en estudio, en este caso, el nombre y código de cada trastorno según el CIE-11.
- Definición conceptual: Una definición teórica del concepto, basada en literatura académica o diagnósticos reconocidos (por ejemplo, CIE-11 o DSM-5).
- Definición operacional: Define cómo se mide o identifica la variable en contextos prácticos, a menudo especificando instrumentos o procedimientos.
- Dimensiones / Indicadores clave: Aspectos o síntomas característicos que permiten observar y evaluar la variable.
- Etiología: Factores causales o de riesgo asociados al desarrollo de la condición o variable.
- Efectos: Consecuencias de la variable o trastorno en el individuo, en su entorno o en su vida cotidiana.
- Estadísticas asociadas: Datos sobre la prevalencia o incidencia de la variable en poblaciones específicas.
- Instrumento / Escala de medición afín: Herramientas utilizadas para medir la variable, incluyendo información sobre sus propiedades psicométricas.
- Intervención terapéutica basada en evidencia: Abordajes o tratamientos recomendados para intervenir en la condición o mejorar la variable.
- Indicadores clave de la intervención: Criterios de éxito para evaluar la efectividad de la intervención.
- Tiempo promedio de intervención: Duración típica de la intervención para alcanzar resultados.
Utilidad de la Matriz MAS de Lazarte
La Matriz MAS permite a los especialistas:
- Comparar modelos teóricos y comprender sus diferencias.
- Identificar factores causales y efectos de cada trastorno.
- Determinar intervenciones eficaces para cada condición, con base en la evidencia.
- Guiar la práctica clínica al ofrecer una estructura que ayuda a tomar decisiones informadas sobre el diagnóstico y tratamiento.
Aplicaciones prácticas
En psicología, la Matriz MAS de Lazarte puede aplicarse en la enseñanza, investigación y práctica clínica para:
- Estudios de caso clínicos: detallando variables y tratamientos para facilitar la comprensión y análisis.
- Programas de intervención: organizando información sobre las técnicas de intervención.
- Diseño de investigaciones: estructurando las variables de análisis y los métodos de medición.
En conclusión, la Matriz MAS es una herramienta versátil y eficaz para estructurar y analizar información compleja sobre variables psicológicas, facilitando una perspectiva integral y basada en evidencia.
A continuación, presento la matriz MAS de Lazarte para los trastornos del comportamiento alimentario según el CIE-11, en formato vertical y con citas y referencias en formato APA.
1.6B80: Trastorno de anorexia nerviosa
| Variable / Condición Psicológica | Anorexia nerviosa (CIE-11 código 6B80) |
|---|---|
| Definición conceptual | La anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria caracterizado por la restricción de la ingesta calórica, lo que conduce a un peso corporal significativamente bajo en el contexto de la edad, el sexo y el desarrollo físico de la persona. La OMS define este trastorno como una condición en la que las personas experimentan un temor intenso a ganar peso y una distorsión de su imagen corporal, lo que les impulsa a restringir la alimentación de forma prolongada (OMS, 2021). |
| Definición operacional | Se diagnostica anorexia nerviosa cuando el individuo restringe la ingesta de alimentos a un grado que resulta en un peso corporal significativamente bajo para su edad y estatura. Además, presenta un temor intenso a aumentar de peso y una percepción distorsionada de su propio cuerpo, evaluada a través de entrevistas clínicas y cuestionarios específicos (Fairburn et al., 2008). |
| Dimensiones / Indicadores clave | – Restricción alimentaria: reducción significativa de la ingesta calórica. – Índice de Masa Corporal (IMC): peso corporal bajo en comparación con los estándares de referencia (IMC < 18.5 en adultos). – Miedo a ganar peso: temor irracional y persistente al aumento de peso. – Distorsión de la imagen corporal: percepción alterada de la forma y tamaño del propio cuerpo (Fairburn & Harrison, 2003). |
| Etiología | – Factores genéticos: predisposición genética que incrementa el riesgo de desarrollar el trastorno (Klump et al., 2019). – Factores neurobiológicos: alteraciones en neurotransmisores, especialmente serotonina y dopamina, que influyen en la regulación del apetito y la recompensa (Kaye et al., 2017). – Factores psicosociales: presión social para la delgadez, perfeccionismo, antecedentes de abuso y dificultades familiares (Levine & Piran, 2019). |
| Efectos | – Emocionales: ansiedad, baja autoestima, sentimientos de culpa. – Cognitivos: obsesión con el peso y la imagen corporal, distorsiones en la percepción de la realidad. – Físicos: desnutrición, pérdida de masa ósea, hipotensión, bradicardia. – Sociales: aislamiento social, impacto en relaciones familiares y dificultad en actividades cotidianas (Zipfel et al., 2015). |
| Estadísticas asociadas | La prevalencia de anorexia nerviosa es de aproximadamente el 0.3-1% de la población, siendo más común en mujeres adolescentes y jóvenes adultas. Se estima que el 10% de los casos crónicos de anorexia nerviosa pueden llevar a la muerte, ya sea por complicaciones físicas o suicidio (Smink et al., 2014). |
| Instrumento / Escala de medición afín | – Entrevista Diagnóstica para Trastornos de la Alimentación (EDI): mide aspectos relacionados con la insatisfacción corporal y la restricción alimentaria (Garner et al., 1983). – Cuestionario de Imagen Corporal (BIAQ): evalúa la percepción distorsionada del cuerpo y la preocupación excesiva con la imagen corporal (Rosen et al., 1991). |
| Propiedades psicométricas del instrumento | – EDI: coeficiente alfa de Cronbach superior a 0.90, indicando alta consistencia interna (Garner et al., 1983). – BIAQ: alta validez convergente y consistencia interna de 0.86, validado en múltiples culturas (Rosen et al., 1991). |
| Reactivos de referencia | – Ejemplo de reactivo de EDI: “Me siento incómoda cuando como alimentos ricos en calorías”. – Ejemplo de reactivo de BIAQ: “Me preocupa constantemente que otras personas noten cualquier aumento de peso.” |
| Intervención terapéutica basada en evidencia | – Terapia cognitivo-conductual (TCC): efectiva en la reestructuración de pensamientos distorsionados sobre el peso y la autoimagen, mejora la regulación emocional y reduce la conducta restrictiva (Fairburn et al., 2015). – Tratamiento nutricional supervisado: intervención dietética que fomenta una recuperación gradual del peso bajo la supervisión de un nutricionista (Lock & Le Grange, 2013). – Terapia familiar basada en la TCC: especialmente efectiva en adolescentes, donde se involucra a la familia en el proceso de recuperación (Le Grange et al., 2016). |
| Indicadores clave de la intervención | – Aumento gradual del peso (incremento en el IMC hacia el rango saludable). – Reducción del miedo a ganar peso: disminución de la ansiedad asociada al aumento de peso. – Mejora en la percepción corporal: menor distorsión en la autoimagen evaluada a través de cuestionarios (Fairburn et al., 2015). |
| Tiempo promedio de intervención | – TCC: entre 20 y 40 sesiones de terapia semanal. – Intervención nutricional: seguimiento continuo hasta alcanzar el peso adecuado y establecer hábitos alimenticios saludables. – Terapia familiar: entre 6 y 12 meses, con sesiones regulares cada 2 semanas (Lock & Le Grange, 2013). |
2. 6B81 Bulimia nerviosa: Trastorno de bulimia nerviosa
| Variable / Condición Psicológica | Bulimia nerviosa (CIE-11 código 6B81) |
|---|---|
| Definición conceptual | La bulimia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria caracterizado por episodios recurrentes de ingesta excesiva de alimentos (atracones) seguidos de conductas compensatorias inapropiadas, como vómitos inducidos, uso de laxantes, ejercicio excesivo o ayuno, para evitar el aumento de peso. Según la OMS, la bulimia implica una preocupación excesiva por el peso y la figura, acompañada de pérdida de control sobre la alimentación durante los atracones (OMS, 2021). |
| Definición operacional | El diagnóstico de bulimia nerviosa se establece cuando la persona presenta al menos un episodio de atracón seguido de conductas compensatorias inapropiadas, con una frecuencia mínima de una vez por semana durante tres meses. Los síntomas incluyen preocupación excesiva por el peso y la autoimagen, evaluados mediante entrevistas clínicas y cuestionarios especializados (Fairburn et al., 2008). |
| Dimensiones / Indicadores clave | – Episodios de atracón: ingesta de grandes cantidades de comida en un periodo corto de tiempo. – Conductas compensatorias: vómitos, uso de laxantes, ejercicio excesivo. – Autoevaluación excesiva basada en el peso y la figura. – Pérdida de control: sensación de incapacidad para detener el atracón (American Psychiatric Association, 2020). |
| Etiología | – Factores genéticos: antecedentes familiares de trastornos alimentarios aumentan el riesgo (Trace et al., 2013). – Factores neurobiológicos: alteraciones en los sistemas de dopamina y serotonina que afectan la regulación del apetito y el control de impulsos (Kaye et al., 2016). – Factores psicosociales: idealización de la delgadez en medios de comunicación, estrés emocional, y experiencias traumáticas en la infancia (Stice & Agras, 2016). |
| Efectos | – Emocionales: culpa, vergüenza y ansiedad tras los episodios de atracón. – Cognitivos: preocupación obsesiva por el peso y la figura. – Físicos: problemas digestivos, desequilibrios electrolíticos, desgaste dental. – Sociales: evitación de situaciones sociales y conflictos familiares debido a los comportamientos alimentarios (Russell et al., 2016). |
| Estadísticas asociadas | La bulimia nerviosa tiene una prevalencia de alrededor del 1-1.5% en mujeres jóvenes, siendo menos común en hombres. Este trastorno es más prevalente en adolescentes y adultos jóvenes, y se asocia con tasas elevadas de comorbilidad con trastornos del estado de ánimo y de ansiedad (Smink et al., 2014). |
| Instrumento / Escala de medición afín | – Eating Disorder Examination (EDE): evalúa la gravedad de los síntomas de bulimia, incluyendo la frecuencia de atracones y purgas (Fairburn & Beglin, 2008). – Cuestionario de Alimentación y Actitudes (EAT-26): mide actitudes y conductas relacionadas con la alimentación y la autoimagen (Garner et al., 1982). |
| Propiedades psicométricas del instrumento | – EDE: alta confiabilidad con un alfa de Cronbach superior a 0.90 para los síntomas de bulimia (Fairburn & Beglin, 2008). – EAT-26: alta consistencia interna y validez predictiva, ampliamente validado en diferentes culturas (Garner et al., 1982). |
| Reactivos de referencia | – Ejemplo de reactivo de EDE: “¿Con qué frecuencia ha sentido una falta de control al comer en el último mes?”. – Ejemplo de reactivo de EAT-26: “Me siento extremadamente preocupada por la posibilidad de aumentar de peso.” |
| Intervención terapéutica basada en evidencia | – Terapia cognitivo-conductual (TCC): intervención enfocada en reducir los atracones y las conductas compensatorias, así como en reestructurar la autoimagen y la preocupación por el peso (Fairburn et al., 2015). – Terapia de regulación emocional: enfoque en el desarrollo de estrategias para gestionar la ansiedad y las emociones que suelen desencadenar los episodios de atracón (Grilo et al., 2012). – Tratamiento farmacológico: el uso de antidepresivos (como fluoxetina) ha mostrado eficacia en la reducción de los episodios de atracón y purga (Agras et al., 2000). |
| Indicadores clave de la intervención | – Disminución en la frecuencia de atracones: reducción significativa en el número de episodios por semana. – Reducción de las conductas compensatorias: menor dependencia de purgas o ejercicio excesivo. – Mejora en la autoevaluación corporal: menor influencia del peso y la figura en la autoestima general (Fairburn et al., 2015). |
| Tiempo promedio de intervención | – TCC: entre 20 y 40 sesiones semanales. – Terapia de regulación emocional: duración de 12 a 24 semanas. – Tratamiento farmacológico: uso continuo durante 6 a 12 meses, según respuesta y tolerancia del paciente (Agras et al., 2000). |
3. 6B82 Trastorno por atracón (6B82)
| Variable / Condición Psicológica | Trastorno por atracón (CIE-11 código 6B82) |
|---|---|
| Definición conceptual | El trastorno por atracón se caracteriza por episodios recurrentes de ingesta de grandes cantidades de comida en un periodo corto de tiempo, acompañados de una sensación de falta de control. A diferencia de la bulimia nerviosa, estos episodios no van seguidos de conductas compensatorias, como el vómito o el uso de laxantes. Según la OMS, se define por una frecuencia mínima de un episodio semanal durante al menos tres meses (OMS, 2021). |
| Definición operacional | Se diagnostica el trastorno por atracón cuando una persona presenta episodios de atracón al menos una vez por semana durante tres meses, junto con una percepción de pérdida de control y sentimientos de malestar posterior, sin recurrir a conductas compensatorias (Fairburn et al., 2003). |
| Dimensiones / Indicadores clave | – Episodios de atracón: consumo de una cantidad excesiva de alimentos en un periodo corto. – Pérdida de control: incapacidad para detener el consumo durante el atracón. – Frecuencia: al menos un episodio semanal durante tres meses. – Malestar asociado: sentimientos de vergüenza, culpa y angustia tras el atracón (American Psychiatric Association, 2020). |
| Etiología | – Factores genéticos: predisposición hereditaria a trastornos de la conducta alimentaria (Bulik et al., 2010). – Factores neurobiológicos: disfunciones en neurotransmisores relacionados con el sistema de recompensa y regulación del apetito, como la dopamina (Davis et al., 2014). – Factores psicosociales: historia de dietas restrictivas, baja autoestima, experiencias traumáticas y exposición a situaciones estresantes (Stice et al., 2011). |
| Efectos | – Emocionales: ansiedad, depresión, baja autoestima. – Cognitivos: pensamientos intrusivos sobre la comida y la autoimagen. – Físicos: obesidad, riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión. – Sociales: aislamiento social, evitación de situaciones de comida en público (Hudson et al., 2007). |
| Estadísticas asociadas | La prevalencia del trastorno por atracón es del 2-3% en la población general, siendo más común en mujeres. Aproximadamente el 30% de las personas con obesidad también presentan síntomas de este trastorno, lo que aumenta el riesgo de problemas de salud física y comorbilidades psiquiátricas (Kessler et al., 2013). |
| Instrumento / Escala de medición afín | – Cuestionario de Trastorno por Atracón (QEWP-R): evalúa la frecuencia y el impacto de los episodios de atracón (Spitzer et al., 1993). – Eating Disorder Examination (EDE): mide la severidad de los síntomas de atracón, incluyendo la pérdida de control y el malestar posterior (Fairburn & Beglin, 2008). |
| Propiedades psicométricas del instrumento | – QEWP-R: alta validez predictiva y consistencia interna, con un alfa de Cronbach de 0.89 (Spitzer et al., 1993). – EDE: confiabilidad de 0.90 en síntomas de trastornos alimentarios, ampliamente validado en diferentes contextos (Fairburn & Beglin, 2008). |
| Reactivos de referencia | – Ejemplo de reactivo de QEWP-R: “¿Cuántas veces en la última semana ha comido en exceso sin poder detenerse?”. – Ejemplo de reactivo de EDE: “¿Qué tan seguido se ha sentido fuera de control durante un atracón?”. |
| Intervención terapéutica basada en evidencia | – Terapia cognitivo-conductual (TCC): tratamiento principal para reducir la frecuencia de atracones, mejorar el control de impulsos y trabajar en la reestructuración cognitiva de pensamientos negativos sobre la alimentación (Grilo et al., 2012). – Terapia de aceptación y compromiso (ACT): ayuda a reducir la evitación experiencial y mejorar la regulación emocional, útil en el manejo de los atracones impulsivos (Juarascio et al., 2013). – Farmacoterapia: antidepresivos como el topiramato y la lisdexanfetamina han demostrado eficacia en la reducción de los episodios de atracón (McElroy et al., 2015). |
| Indicadores clave de la intervención | – Reducción en la frecuencia de atracones: disminución de episodios de ingesta excesiva por semana. – Mejora en la regulación emocional: mayor capacidad para controlar impulsos de comer en exceso. – Aumento del bienestar: reducción de sentimientos de culpa y vergüenza, mejora en la autoimagen (Grilo et al., 2012). |
| Tiempo promedio de intervención | – TCC: 20-40 sesiones semanales. – ACT: de 12 a 24 semanas de tratamiento. – Farmacoterapia: tratamiento continuo supervisado por un psiquiatra, duración de 3 a 6 meses según respuesta clínica (McElroy et al., 2015). |
4. 6B83 Trastorno evitativo o restrictivo de la ingesta alimentaria
| Variable / Condición Psicológica | Trastorno evitativo o restrictivo de la ingesta alimentaria (CIE-11 código 6B83) |
|---|---|
| Definición conceptual | El trastorno evitativo o restrictivo de la ingesta alimentaria (ARFID, por sus siglas en inglés) se caracteriza por una evitación persistente de la ingesta de alimentos o la restricción de la alimentación, que provoca un consumo insuficiente y malnutrición, sin la presencia de una preocupación por el peso o la figura, lo que lo diferencia de otros trastornos alimentarios. La OMS lo define como una alteración en los patrones de alimentación que interfiere significativamente en la salud física o el funcionamiento social (OMS, 2021). |
| Definición operacional | Se diagnostica ARFID cuando una persona evita o restringe la ingesta de alimentos a tal grado que genera pérdida de peso significativa, deficiencias nutricionales o dependencia de suplementos. Estos patrones deben perdurar al menos tres meses y no ser atribuibles a la falta de acceso a alimentos ni a una intención de modificar el peso (Bryant-Waugh et al., 2010). |
| Dimensiones / Indicadores clave | – Evitación alimentaria: rechazo de alimentos específicos o grupos de alimentos. – Restricción alimentaria: consumo limitado de alimentos o calorías. – Consecuencias físicas: pérdida de peso, deficiencias nutricionales. – Impacto psicosocial: dificultades para comer en público y alteraciones en las interacciones sociales relacionadas con la alimentación (Thomas & Eddy, 2019). |
| Etiología | – Factores biológicos: predisposición genética y factores sensoriales que influyen en la percepción del sabor, olor y textura de los alimentos (Norris et al., 2018). – Factores psicológicos: ansiedad, fobia a la deglución o al atragantamiento, y experiencias traumáticas relacionadas con la alimentación (Zickgraf & Ellis, 2018). – Factores familiares: patrones de alimentación y modelado de conductas restrictivas por parte de los cuidadores (Dovey et al., 2019). |
| Efectos | – Emocionales: ansiedad al momento de comer, miedo a nuevos alimentos. – Cognitivos: pensamientos restrictivos sobre los alimentos, rechazo ante alimentos con ciertas características sensoriales. – Físicos: pérdida de peso, deficiencias de vitaminas y minerales, baja energía. – Sociales: evitación de situaciones sociales relacionadas con la comida, impacto en relaciones familiares y amistades (Sharp & Stubbs, 2019). |
| Estadísticas asociadas | La prevalencia de ARFID es aproximadamente del 3-5% en la población pediátrica, con mayor incidencia en niños y adolescentes. Se ha observado una comorbilidad alta con trastornos de ansiedad y con condiciones como el autismo, donde la restricción alimentaria es común debido a las particularidades sensoriales y conductuales (Nicely et al., 2014). |
| Instrumento / Escala de medición afín | – Entrevista Diagnóstica para ARFID (EDI-ARFID): evalúa los síntomas de evitación y restricción alimentaria, así como el impacto en la salud y el bienestar general (Bryant-Waugh et al., 2010). – Cuestionario de Ingesta Alimentaria Restrictiva y Evitativa (CAREP-Q): mide patrones de evitación y restricción en adolescentes y adultos (Zickgraf et al., 2019). |
| Propiedades psicométricas del instrumento | – EDI-ARFID: alta confiabilidad y validez en la identificación de síntomas específicos de ARFID (Bryant-Waugh et al., 2010). – CAREP-Q: alta consistencia interna (alfa de Cronbach = 0.87) y validez predictiva para comportamientos restrictivos en la ingesta (Zickgraf et al., 2019). |
| Reactivos de referencia | – Ejemplo de reactivo de EDI-ARFID: “¿Evita ciertos alimentos por su textura o apariencia?”. – Ejemplo de reactivo de CAREP-Q: “¿Cuántas veces en la última semana ha evitado un grupo de alimentos completo?”. |
| Intervención terapéutica basada en evidencia | – Terapia de exposición gradual: se utiliza para introducir progresivamente nuevos alimentos en la dieta y reducir la ansiedad asociada (Kass et al., 2019). – Terapia cognitivo-conductual (TCC): orientada a identificar y modificar pensamientos restrictivos sobre los alimentos y reducir la ansiedad alimentaria (Lock et al., 2019). – Terapia ocupacional sensorial: útil en personas con sensibilidades extremas a la textura o el olor de los alimentos (Cermak et al., 2016). |
| Indicadores clave de la intervención | – Aumento en la variedad de alimentos: incorporación de nuevos alimentos a la dieta. – Reducción de la ansiedad alimentaria: menor miedo al probar alimentos diferentes. – Mejora en el estado nutricional: incremento de peso y mejoría en las deficiencias nutricionales previas (Kass et al., 2019). |
| Tiempo promedio de intervención | – Terapia de exposición gradual: duración de 8 a 12 semanas. – TCC: entre 10 y 20 sesiones, una vez por semana. – Terapia ocupacional sensorial: de 6 a 12 semanas, con seguimiento mensual (Lock et al., 2019). |
5. 6B84 Síndrome de pica:
| Variable / Condición Psicológica | Síndrome de pica (CIE-11 código 6B84) |
|---|---|
| Definición conceptual | El síndrome de pica se caracteriza por la ingesta persistente de sustancias no nutritivas ni alimentarias, como tierra, papel, yeso o hielo, durante al menos un mes. Según la OMS, esta conducta es inapropiada para el nivel de desarrollo del individuo y no forma parte de una práctica culturalmente aceptada (OMS, 2021). |
| Definición operacional | El diagnóstico de pica se establece cuando una persona consume regularmente sustancias no alimenticias durante al menos un mes. Este comportamiento debe persistir más allá de la edad en la que se considera normal (generalmente después de los dos años) y ser lo suficientemente grave para justificar una evaluación clínica (Stiegler, 2005). |
| Dimensiones / Indicadores clave | – Ingesta de sustancias no comestibles: consumo de materiales como tierra, tiza, papel, etc. – Duración de la conducta: persistencia de al menos un mes. – Frecuencia: consumo repetido y regular de sustancias no nutritivas. – Impacto en la salud: presencia de deficiencias nutricionales o complicaciones médicas relacionadas con la ingestión (American Psychiatric Association, 2020). |
| Etiología | – Factores biológicos: deficiencias nutricionales, como hierro y zinc, que pueden inducir a la ingesta de sustancias no alimenticias (Young, 2011). – Factores psicológicos: trastornos del desarrollo, como el autismo y la discapacidad intelectual, están asociados a tasas más altas de pica (McAlpine et al., 2010). – Factores culturales: en algunas culturas, la ingesta de ciertas sustancias puede estar relacionada con creencias y prácticas tradicionales (Geissler et al., 1999). |
| Efectos | – Emocionales: ansiedad, vergüenza en situaciones sociales. – Cognitivos: pensamientos recurrentes sobre las sustancias ingeridas. – Físicos: problemas gastrointestinales, obstrucción intestinal, intoxicación por sustancias tóxicas. – Sociales: aislamiento social y dificultades en las relaciones interpersonales debido a la conducta atípica (Levine, 2017). |
| Estadísticas asociadas | La prevalencia de pica es mayor en niños pequeños y en individuos con discapacidad intelectual o trastornos del espectro autista. Se estima que afecta al 4-26% de la población infantil y al 10-30% de adultos con trastornos psiquiátricos, siendo más común en contextos de pobreza y desnutrición (Smulian et al., 2006). |
| Instrumento / Escala de medición afín | – Inventario de Comportamientos de Pica (PCI): evalúa la frecuencia y gravedad de los comportamientos de ingesta de sustancias no alimenticias (Stiegler, 2005). – Cuestionario de Ingesta Anómala (AIBQ): mide patrones de consumo de sustancias no alimenticias en individuos con discapacidades del desarrollo (Ashworth et al., 2009). |
| Propiedades psicométricas del instrumento | – PCI: alta consistencia interna (alfa de Cronbach de 0.88) y validez predictiva en contextos clínicos (Stiegler, 2005). – AIBQ: alta sensibilidad y especificidad para detectar comportamientos de pica en poblaciones con discapacidades intelectuales (Ashworth et al., 2009). |
| Reactivos de referencia | – Ejemplo de reactivo de PCI: “¿Con qué frecuencia consume sustancias como tierra o yeso?”. – Ejemplo de reactivo de AIBQ: “¿Ha ingerido sustancias no alimenticias en el último mes, como papel o tiza?”. |
| Intervención terapéutica basada en evidencia | – Terapia cognitivo-conductual (TCC): intervención enfocada en identificar y modificar los pensamientos y comportamientos asociados al consumo de sustancias no alimenticias (McAdam et al., 2004). – Intervención nutricional: suplementación de hierro y zinc en caso de deficiencias, lo que puede reducir el comportamiento de pica (Thibodeau et al., 2011). – Entrenamiento en habilidades de sustitución: técnicas para reemplazar la conducta de pica con comportamientos seguros y apropiados (Piazza et al., 1998). |
| Indicadores clave de la intervención | – Reducción en la ingesta de sustancias no alimenticias: disminución en la frecuencia y gravedad de los episodios de pica. – Mejora en la salud física: reducción de complicaciones médicas asociadas al consumo de sustancias no alimenticias. – Aumento en el bienestar emocional: disminución de la ansiedad y vergüenza relacionada con la conducta (McAdam et al., 2004). |
| Tiempo promedio de intervención | – TCC: 12 a 20 sesiones semanales. – Intervención nutricional: duración de 3 a 6 meses, con seguimiento según las necesidades de micronutrientes. – Entrenamiento en habilidades de sustitución: de 8 a 12 semanas con seguimiento mensual (Piazza et al., 1998). |
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Referencias
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